domingo, 10 de julio de 2016

Realidad y voluntad

Realidad, orden y voluntad humana.

Realidad y apariencia  ¿Necesitamos una nueva definición de la realidad?
En la alegoría de la caverna, recontra citada y muy conocida para aquel que disfruta de la Filosofía, concluye el relato  con una situación clave.
 El hombre libre que logra conocer el exterior  de la caverna, tras los fallidos intentos de liberar a sus compañeros del presidio de la caverna, marcha por el mundo  y mirando fijamente el sol, descubre otras cadenas, otras sombras, otras cavernas. Una especie de   juego tenebroso de las mamushkas, donde una caverna se guarda dentro de otra y otra, de esta manera  hasta el infinito.
Preguntar sobre la realidad, es cuestionarla. No solo eso, es también, desconfiar. Salir de una caverna para entrar en otra, aunque  pareciera un ejercicio inútil esta búsqueda incesante, la que no tiene fin, es en algún modo, una manera de vivir la realidad. Cuestionarla, es una manera de no dar por sentado, mi percepción, en la primera mirada. Ir más a lo profundo de la caverna  o más hacia el sol. Quién sabe,  quizás todo el tiempo estamos en la caverna, pero con otra intención, la de preguntarnos por las sombras, por las rocas que decoran la caverna, por las cadenas que se pierden en la oscuridad.  
¿Somos nosotros mismos la caverna? ¿Somos una fría caverna y un cálido sol? O en realidad, la caverna no existe, nunca existió.
¿Es la caverna  nuestra impotencia hacia la muerte?   
Cada vez que la realidad es superada, cada vez que salimos de la caverna  ¿no sentimos la muerte de nuestras ideas o percepciones? ¿Son nuestras creencias  nuestra forma de ver la realidad, nuestra vida, nuestro mundo, y su cuestionamiento, para posterior caída, la experiencia más cercana a la muerte? ¿O en todo caso es la experiencia del caos, lo que nos molesta?  Seria así, y explicaría, porque cuesta tanto cuestionarse, porque cuesta tanto, cambiar la forma de mirar, explicaría las amarras tirante, que sostiene nuestras creencias, nuestras convicciones y  también nuestras cadenas.
Nadie quiere experimenta el caos, el desorden, la ambigüedad. Todo es orden, todo es estandarizado, lo diferente repugna, aunque le mostremos una cara amable y nos ocultemos detrás de la palabra tolerancia.
Los fármacos de Nietzsche, el orden necesario para no sucumbir en la locura, termina amparando una locura mayor y asquerosamente exponencial. ¿Es la realidad, un intento de ordenar lo múltiple? Por eso habría, varias realidades, varias cavernas.
Miedo a la inseguridad del caos, me parece más perceptible para el hombre, que el miedo a la muerte. Es mucho más fácil anteponer un escenario al caos, un escenario  lleno de colores, con una estructura, con un orden, para no ver que simplemente es un escenario, un vacio, un lugar a llenar.
El vacio es inexplicable, ningún ser humano puede entender la idea de vacío, el vacio pareciera tener una única función, la de ser llenada, la de ocuparla con contenidos, paradójicamente deja de ser vacio. Sobre ese vacío, sobre ese escenario, montamos una obra de teatro, una ficción, un orden, una caverna. Y sobre ella otra, otra mas, tantas como sean necesarias. Tantas para poder seguir funcionando y darle un sentido a lo que hacemos.
Lo entiendo, la experiencia es imposible en el caos. Tener un sentido, proyectar el mismo sobre el gran escenario vacío, solo para poder ver actores, escenografía, música, finalmente una trama para mis sentidos. Una trama narcótica.
Recapitulando, la realidad, la caverna, las muchas cavernas, las ficciones, la necesidad de un orden, el vacio, el caos insoportable, la muerte. ¿Y si en realidad no es miedo a la muerte si no al caos, al desorden? ¿Y si esta trama  en realidad esconde otra posibilidad? Después de todo, siempre desconfié de ese miedo a la muerte que supuestamente nos guía. Ese miedo a desaparecer, que haría las veces  de guion  teatral, para la gran obra del hombre que no quiere vivir sin sentido. El miedo a desaparecer, es un sin sentido, ya que si muero, no existo, si no existo, no soy consciente de mi desaparición. Reza aquella antigua frase de Epicuro “La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
Entonces ¿cuál es el miedo del hombre? Detrás de los actores, la escenografía, detrás de la escenografía, el escenario vacío, detrás del escenario vacío,   la muerte, detrás de la muerte, la nada, detrás de la nada, el sin fin de posibilidades. Nada, es todo.
Son las miles de posibilidades de convertirme en lo que quiero, de convertirme en el dueño de mi destino lo que apabulla al hombre, por eso la religión, por eso la política, por eso los fármacos. Delegar mi responsabilidad en los otros, así ante el mínimo error, sabemos a quién culpar, cualquiera menos nosotros. Podría ser una posible respuesta a lo que acontece en mi país la Argentina, todos se quejan de la clase política, pero nadie toma el toro por las astas, y si lo hacen es porque ya es demasiado tarde.
Los fármacos, la política, la religión  y todo orden, sirve en la medida, que fijen límites a mi voluntad.   Y cuando ese orden es caduco, o no pueden imponer sus límites, la sociedad sale a reemplazar ese orden por otro más conveniente. Cada orden impuesto, pero construido socialmente, contribuye a fijar  límites. No es casual, que con cada caverna que atravesamos, con cada realidad que cuestionamos y transformamos, deviene una sensación de  temor ante la caída de los viejos límites y una incertidumbre ante los nuevos. Obvio que esto se da por un tiempo, hasta que normalizamos, nos habituamos a ese nuevo orden y su forma de proceder.
Cuando ese orden, pierde su utilidad (la de ponernos limites a nuestra voluntad) lo reemplazamos por otro.
Las cavernas se suceden, se puede salir para introducirse en otras, así sucesivamente hasta que la muerte nos encuentre.   
En otra ocasión quedaría  ver, que dice de nosotros  los límites que aceptamos, si aceptar un orden que estructure nuestras vidas, tiene que ver más con lo que somos capaces de soportar y al mismo tiempo desechar cuando no nos sirva.

Mientras tanto, seguimos guionando la gran obra de ficción, pero que por eso no deja de ser emocionante. 


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