jueves, 21 de julio de 2016

Fracaso en el rendimiento escolar en la etapa neoliberal



Como docente, me toca todos los días tratar con las frustraciones de muchos de mis estudiantes. Frustraciones, que se ligan con la baja autoestima. Es muy común escuchar, profe a mí no me da la cabeza, no entiendo nada. 

En estas últimas semanas, tome una prueba de interpretación de textos a diferentes chicos, de edades diversas. Una sospecha, se apareció ante mí, cada vez que tomaba este tipo de prueba. 

La gran mayoría de ellos tienen una capacidad resuelta para analizar las diferentes lecturas. El problema que subyace, cuando se encuentra ante el texto, tiene que ver más con el orden de lo psicológico y lo social que la capacidad intelectual del estudiantado, por lo menos el que yo analice. 

La presión latente que siente algunos estudiantes, de realizar con éxito determinada tarea, es una predisposición que se viene alimentando durante los inicios de la inserción del individuo en el sistema educativo. 

La presión por parte del docente, sus padres y el entorno social, no puede resultar evidente en un principio, queda como un sustrato en la conducta del individuo, que siente con presión de realizar cualquier tarea de forma óptima. 

Esto no termina acá, prosigue en la vida adulta. El individuo, en la etapa adulta, relaciona, éxito laboral con autoestima. Pero, ¿Qué es éxito laboral? ¿Cuántas personas están atrapadas en un trabajo que no les gusta? 

En un país, donde el éxito, tiene que ver intrínsecamente con las relaciones sociales que se tejen y no con la capacidad, esta situación cae en una tremenda contradicción. 

Hoy la escuela enseña contenidos y no a pensar. Enseña de forma mediocre, los conocimientos que la humanidad viene desarrollando a lo largo de la historia. 

Nada hay sobre el pensar, sobre el cuestionar, sobre imaginar y seguir la intuición. Justamente en estas habilidades, desarrolladas en nuestros adolescentes por fuera de la educación formal, son las que están contenidas en el sistema educativo. 

El conocimiento, los contenidos, son limitados. La imaginación, la creatividad, no solo son las llaves para la solución de muchos problemas, sino también, la clave a la hora de emancipar a los individuos. 

Para imaginar y crear, para cuestionar, solo basta, no estar conforme con lo establecido. Pero si en el colegio, solo se recibe, lo establecido y sus justificaciones, no hay lugar al pensar, a cuestionar. 

Como docente, invito a mis estudiantes a intuir, a sospechar, a criticar, a imaginar. No sé, si se van de mi clase, sabiendo los periodos de prosperidad y decadencia de la civilización Egipcia. Pero si se van pensando que todo tiene un ciclo, que los hombres cometemos errores, que siempre hay privilegiados y personas que alimentan a esos hombres prósperos. 

Hoy el fracaso educativo, es la punta del iceberg de lo que pasa cuando el hombre, es destinado a transformarse en un eslabón de producción, sin poder pensar en otra cosa más que ser efectivo. 
Fracaso para el sistema educativo actual, es más un objetivo, que un accidente.

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